Los diseñadores internacionales más conocidos, desde Carolina Herrera a Ralph Lauren, Max Azria, Nicole Miller o Calvin Klein Collection, entre otros, tienen una cita desde el pasado jueves 9 en la ciudad de los rascacielos para presentar sus colecciones para el otoño e invierno 2012-2013.
La cita neoyorquina con las últimas tendencias en moda, que tiene lugar del 9 al 16 de febrero, se produce después de que París haya exhibido ya las de alta costura y Madrid la de sus creadores en prêt-à-porter, y poco antes de que lleguen las de Londres, Milán y de nuevo la capital gala en esa categoría.
“La Semana de la Moda de Nueva York sigue centrando a los mejores diseñadores de moda y marcas de todo el mundo”, afirmó el director gerente de la organización, Peter Levy, que también destacó la presencia de jóvenes talentos, junto a los ya consagrados.
Custo Dalmau presentó el día 12 una colección más experimental que nunca basada en la fusión de materiales, grafismos y colores. Dalmau, el español más fiel a la pasarela neoyorquina en la que se presenta ya desde hace casi dieciséis años, propuso una línea masculina y femenina en la predominaron sus peculiares estampados y colores, “inscritos en el ADN de la firma”, y con siluetas de contrastados volúmenes.
“Este es el año 31 del proyecto en el mercado, y para nosotros lo más importante en cada colección es reinventar nuestra identidad, que está basada en la fusión de materiales, grafismos y colores, y tratamos de hacerlo de un modo nuevo”, afirmó el diseñador.

Carolina Herrera apostó por una mujer glamourosa y elegante, clásica y moderna a la vez, en su colección para el próximo otoño e invierno, mientras que Carlos Miele evocó en sus propuestas la naturaleza salvaje de la Pampa brasileña.
Vestida de azul marino y negro, con chaquetas cortas, tipo bolero y entalladas, y delicados tejidos envolventes, la de Carolina Herrero “es una mujer normal, porque creo que todas las mujeres queremos vernos así”, dijo la diseñadora venezolana durante una entrevista.
Sobre la pasarela neoyorquina, Herrera presentó una colección que definió como “acerca de la mujer glamourosa y elegante al tiempo que femenina“. La venezolana dio a sus apuestas una nueva proporción, “con chaquetas muy cortas y faldas muy pegadas, un poco más largas”, hasta por debajo de la rodilla, para acentuar la figura femenina.
El brasileño Carlos Miele, por su parte, presentó sus propuestas inspiradas “en el mundo de los gauchos y en la naturaleza salvaje” de su entorno y en la cultura del sur de su país, en particular de las mujeres del estado de Rio Grande do Sul.
Miele, que quiso captar en sus propuestas “la sensación de libertad que uno imagina que tienen las gauchas cuando montan a caballo o caminan por la pampa”, introdujo los estampados geométricos, evocadores de los ponchos gauchos, una prenda que reinterpretó para hacerla más urbana.

El estadounidense Tommy Hilfiger presentó una colección femenina titulada “Ciudad y campo”, inspirada, según sus palabras, en “una mezcla de vida deportiva con estilo y cierta sofisticación urbana”. El diseñador plasmó sus propuestas en atuendos de corte clásico “con espíritu moderno” y con la versatilidad que dan los cortes en “A” tanto para faldas como vestidos, junto a formas que recordaban la estética “mod” de los años sesenta en pantalones, chaquetas y “trenchs”, así como cazadoras tipo motorista y otras de inspiración militar, como hizo en su colección masculina.
El azul marino, junto al verde, los burdeos y los tierra fueron también algunos de los colores más utilizados por el estadounidense, que para sus prendas menos urbanas encontró inspiración en el mundo de la hípica. Igualmente reinterpretó algunas prendas masculinas en vestidos de seda y chaquetas con plisados en la espalda.
Con la llegada de esta nueva edición de la Semana de la Moda, también han comenzado las críticas ciudadanas por las aglomeraciones de tráfico y público en la zona del Lincoln Centre, en donde se celebra desde 2010. Según estimaciones oficiales a la Semana de la Moda de Nueva York asisten más de 250.000 personas, entre diseñadores, modelos, medios de comunicación, compradores o mirones, lo que genera ingresos a la ciudad por más de 230 millones de dólares.