actualizado el 24 de septiembre de 2012 a las 18:31

La historia de Carmen Colle, ‘el David que pudo con Goliat’

Desfile de Angèle Batiste para Eord Tricot en Elegancia VesoulHaz clic para ver el video en Terra TV
Desfile de Angèle Batiste para Eord Tricot en Elegancia Vesoul
 

Quizás si Carmen Colle no hubiera llevado a los tribunales a Chanel la historia de World Tricot, nunca se hubiera conocido más allá de los entresijos de la industria de la moda del lujo. Chanel era su principal cliente, pero casas como Hermès, Dior, Paco Rabanne o Thierry Mugler se encontraban también entre sus compradores. Pero de la noche a la mañana dejaron de hacer pedidos. Se quedaron sin un solo cliente y World Tricot se vio forzada a liquidar.

Carmen Colle, una italiana que llegó a Francia siendo una niña, colaboraba activamente en la vida social de Lure en Haute-Saône, una localidad de poco más de 8.000 habitantes en el noreste del país. Su labor social se centraba en el apoyo a mujeres e inmigrantes, refugiadas políticas, personas con pocos recursos.

De una pequeña asociación a trabajar para todos los grandes de la moda

“Comenzaron con talleres de costura, bordado, punto y ganchillo”, en los locales de otra asociación, recuerda Maria Teresa Candaneno, una leonesa que, como Carmen Colle, llegó a Francia siendo una niña y que terminó quedándose en Lure. Carmen cuenta que “enseguida vio la necesidad de que esas mujeres encontraran un empleo, ellas mismas lo pedían, eran el único sustento para sus familias”.  Por eso en 1987 crearon la Asociación World Tricot y posteriormente, con el mismo nombre, una Sociedad de Responsabilidad Limitada. A partir de ahí sus creaciones fueron adquiridas por todas las grandes marcas de alta costura y prêt à porter, y tuvo contratadas a 90 mujeres. “Teníamos mujeres profesionales, hubo que contratarlas cuando el negocio fue creciendo, otras expertas y otras menos, pero con una gran voluntad y capacidad de trabajo”, explica Carmen a TERRA, añorando los buenos tiempos pero mirando con optimismo al futuro.

“Solíamos hacer una mil piezas por temporada para Chanel, pero en el año 2004 nos pidieron más de 4.000 y algunos bocetos. Karl Lagerfeld rechazó algunos y ahí quedó la cosa”, dice Carmen. Pero la cosa cambió cuando ella realizó un viaje de negocios a Japón. En Tokyo, en uno de los escaparates de Chanel, vio expuestos varios modelos creados con uno de los prototipos rechazados por el diseñador alemán.

Y entonces llegó el escándalo

Entonces llegó la demanda, siete años de litigio, que han concluido en septiembre de 2012 con una resolución a favor de World Tricot y Chanel siendo obligada a pagar 200.000 euros. “Una sentencia que llegar tarde”, nos contaba María Teresa, que aunque nunca formó parte oficialmente de World Tricot, ha seguido de cerca el trabajo de esta empresa.

Carmen se vio obligada, ante la marcha de todos sus clientes, a cerrar la pequeña factoría el pasado mes de julio. Pero su fe y sus ganas de ayudar a todas esas mujeres le hacen seguir luchando. “Soy creyente, eso me da fuerzas”. Así que decidió seguir adelante con lo poco que tenía y montó World Tricot Compangnie, con la misma filosofía que su predecesora,  “una organización de artesanos caracterizada por la formación profesional y la solidaridad”, como se señala desde su propia web.

Están buscando otros mercados. Quizás recuperen el de la alta costura, pero de momento han creado su propia marca Angèle Batiste (los nombres de los abuelos de Carmen, una especie de homenaje a lo que hemos recibido de nuestros mayores) y miran al futuro con mucho optimismo. La paz, serenidad y fe en el futuro que tiene Carmen se siente en cada una de sus palabras. Siempre buscó el reconocimiento del trabajo bien hecho y de calidad de su grupo de mujeres y lo seguirá haciendo, pese a quien le pese.

Terra