Padres

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03 de mayo de 2013 • 09:38 • actualizado a las 11:22

Decálogo para ser una madre perfectamente imperfecta

¿Te sientes culpable por no ser siempre esa madre perfecta y encantada con la maternidad? ¿Sientes que no cumples ni el trabajo ni en casa? ¿No sabes cómo solucionar los problemas con tus hijos? Diana Guelar, una de las autoras de Mamás perfectamente imperfectas, nos ofrece las claves para escapar de la trampa de la culpa.

Foto: Getty Images
 

“Aunque parezca una tontería, conviene recordar que las madres somos personas, con nuestras posibilidades y nuestras limitaciones: perfectamente imperfectas”. Esta es una frase extraída de Mamás perfectamente imperfectas, el libro de Diana Guelar, psicóloga y directora del centro de atención y prevención para jóvenes y adolescentes La Casita, y Andrea Jáuregui, ensayista, narradora, poeta y experta en comunicación estratégica y liderazgo.

Durante una entrañable charla con Diana Guelar, hablamos de todos los puntos que tratan en el libro -el mito de la maternidad, el sentimiento de culpa, la creación de problemas los diferentes tipos de madres y modelos familiares…- y también sobre las estrategias que pueden ayudarnos a salir del laberinto de la culpabilidad. Te las resumimos en el siguiente decálogo.

1. Aceptarnos a nosotras mismas para poder cambiar. Reconocer quiénes somos y qué tipo de madres somos: controladoras (madres GPS o helicóptero), perfeccionistas, cómplices, madres que compiten o que se apropian.

2. Asumir quiénes somos y los errores que cometemos con sentido del humor, no debemos ser tan duras con nosotras mismas. “Tenemos que darnos permiso para ser quienes realmente somos, porque sólo así dejaremos que nuestros hijos sean quienes realmente son”.

3. La clave para salir de la culpa es ser flexibles. Nuestros hijos viven una realidad mucho más flexible que la nuestra: padres separados, familias ensambladas… Desde la aceptación de quienes somos podemos cambiar y flexibilizar nuestras ideas heredadas para librarnos de la culpa. “El ejercicio de la maternidad no es blanco ni negro.

4. No anclarnos en el pasado ni en las causas de nuestra conducta o de los problemas. “Enfocarnos excesivamente en el origen del problema muchas veces nos puede dejar empantanadas en el pasado y nublar la percepción sobre lo que podemos hacer para vivir un presente y un futuro más armoniosos”.

5. Hay que mirar al presente y buscar esas soluciones que pueden parecernos ridículas. “Muchas veces las posibilidades de que un problema se resuelva están en poder mirar la situación  (o la dificultad) desde otro ángulo, o ponerla en un contexto más amplio donde adquiera su verdadera proporción. Así, al redefinir la situación, es posible que cambie el nivel de agobio que nos produce y ya no la veamos como un problema”.

6. Si trabajas fuera de casa, es importante valorarla influencia positiva que tiene sobre los hijos el hecho de que tengamos nuestra propia vida para quitarte la culpa.

7. Aceptar de antemano que nos vamos a equivocar y eso nos  va a fortalecer y va a reforzar nuestra relación con los hijos. “Para no agregar más culpa a las madres es necesario que seamos muy claras: si nos equivocamos, no lo hacemos a propósito”.

8. Evitar primar la tendencia a registrar más lo que los hijos hacen mal  que lo que hacen bien, sus virtudes y sus fortalezas. “Para ayudarles a acrecer con confianza es necesario que valoremos sus avances, por mínimos que sean, y que no seamos demasiado críticas con sus errores”.

9. Reconocer que algo en la forma de ser o en lo que hacen los hijos nos causa rechazo no significa que los amemos menos, sino más, porque estaremos queriéndolos como realmente son y no como “deberían ser”.

10. “Quien bien tiende, menos plancha”. Las madres que “tienden”, es decir, que se comunican de forma efectiva, reconocen a sus hijos como individuos distintos a ellas con sus propias virtudes, defectos y necesidades, y adaptan su manera de actuar a la realidad de lo que sus hijos son y ano al ideal que deberían ser.

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