Padres

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03 de mayo de 2013 • 09:38 • actualizado a las 11:19

Mamás perfectamente imperfectas

Este es el título del libro que puede ayudarte a librarte del sentimiento de culpa por no ser la madre que crees que deberías ser. ¿O son los demás quienes te hacen sentir así? Diana Guelar y Andrea Jáuregui te ayudan a sortear las trampas de la culpabilidad y a asumir que todas nos equivocamos en la ardua tarea de criar a nuestros hijos.

- Los 10 mandamientos de las mamás imperfectas

“Porque hay madres que cocinan y otras que piden pizza. Las hay que trabajan y las hay que se quedan en casa. Hay madres que adoran jugar con los chicos largas horas y otras a las que les resulta aburrido”. Estas son algunas frases que aparecen en la contraportada de Mamás perfectamente imperfectas y que a mí me hacen sentir aliviada de camino a la editorial Planeta para entrevistar a una de sus autoras, Diana Guelar, psicóloga y directora del centro de atención para jóvenes y adolescentes La Casita, en Buenos Aires. La otra, Andrea Jáuregui, licenciada en Historia de las Artes y Letras, es experta en patrones de pensamiento y comunicación. Digo que me siento aliviada porque he sido mamá hace poco más de mes y medio, me he leído el libro entre biberón y biberón y no estoy segura de si he metido en el bolso la grabadora o el sonajero de mi hijo. Y esto es algo que sólo otra madre imperfecta, y además autora de un libro acerca del tema, puede entender…

Foto: Editorial Planeta

Efectivamente, Diana se muestra más que amable cuando le cuento mis vicisitudes como madre trabajadora, incluso me pregunta si he traído a mi bebé conmigo (la falta de conciliación, ese otro gran alimento de la culpa…). Suspiro aliviada cuando compruebo que he traído la grabadora y, además, tiene pilas. Así que por fin voy a poder hablar de las dudas, inseguridades, miedos y sentimientos de culpabilidad con otra madre y experta en el tema. Llevo toda una batería de preguntas para Diana, además de uná "petición" de decálogo de soluciones para todas aquellas mujeres que no puedan leerse el llibro.

Comenzáis el libro desmitificando el instinto maternal: “ningún estudio ha revelado la presencia de un gen que pueda vincularse con el amor y el cuidado maternal”. Pero el sentimiento de culpa sí parece escrito en el código genético femenino…

D.G. La culpa tiene más que ver con la mujer que con el hombre, sobre todo en el caso de las perfeccionistas, aunque ellos también se sienten culpables si no consiguen cumplir con su rol de proveedores. En nuestro caso, este sentimiento se basa en la creación del mito de la mujer y la madre perfecta.

Como dicen en el libro, “lejos de ser la cosa más natural del mundo, el instinto maternal es una construcción cultural que se fue gestando en Occidente a partir de las necesidades de cada época para definir los roles del hombre y de la mujer”. Un mito que, según estas autoras, promueve la tiranía de la madre perfecta. “Reconocer que el mito del instinto materno es una idea y no una realidad es el primer paso para aceptar que cada madre es única y existen miles de opciones para ser madres”, afirman Diana y Andrea.

Estrictas, permisivas, gritonas, tranquilas, roqueras, sinfónicas… e infinitas combinaciones entre todas ellas. Y saber que todas nos vamos a equivocar, resulta muy relajante.

D.G. Como madres, vamos a cometer un montón de errores pero también vamos a encontrar recursos en nosotras mismas para salir adelante. A menudo las mujeres ocultan la verdad, les cuesta hablar de sus imperfecciones, algo que siempre he detectado en la puerta de los colegios. Por no hablar de los medios de comunicación, que nos muestran a las famosas felices, perfectas y sonrientes con sus maravillosos hijos. Pero todas, famosas y no famosas, tienen las mismas inseguridades y miedos respecto a sus hijos, y el mismo sentimiento de culpabilidad por no ser perfectas como madres.

Según el libro, “el paradigma actual de lo que una buena madre debería ser y hacer establece estándares inalcanzables que nos someten a una exigencia extrema y nos hacen sentir culpables”. Pero ¿qué pasa si nos sentimos  cansadas, aburridas, frustradas o decepcionadas por la tarea materna? Como nos recuerda el libro, además de madres, somos personas, con nuestras posibilidades y limitaciones. “Sólo si cuestionamos el ideal es posible empezar a aceptar la realidad y construir nuestro propio estilo de ser madres”, afirman. En su libro, Andrea y Diana nos animan incluso a plantearnos que nuestros hijos no van a ser perfectos, “que van a ser como puedan ser”, me recalca Diana durante la entrevista. “Tenemos que darnos permiso para ser quienes realmente somos, porque sólo así dejaremos también que nuestro hijos sean quienes realmente son”, afirman.

La segunda parte de Mamás perfectamente imperfectas está dedicada a los problemas entre padres e hijos. Cómo se crean, los sentimientos de culpa que generan  y cómo conseguir escapar de lo que llamáis “la trampa”.

Foto: Getty Images

D.G. Detrás de este capítulo hay mucha investigación, además de nuestra propia experiencia como madres y nuestro trabajo con adolescentes. Frente a un conflicto entre madre e hijo a menudo la solución que funciona es la más absurda, la que no nos habíamos planteado. Muchas veces la manera en la que vemos el problema es el propio problema. Y la culpa es el combustible de la máquina del problema.

Como reza el libro, “cuando la solución que intentamos para ayudar a un hijo a enfrentarse a una dificultad no sirve, es indispensable que adoptemos un enfoque diferente. “Para ello, tendremos que cuestionar nuestras convicciones de lo que es natural, lógico o correcto, y redefinirlas a partir de lo que es útil para resolver la situación”.  “La trampa de la excelencia puede llevarnos a ver problemas donde tal vez nos los haya y a no ver soluciones donde quizá sí las hay.

Si ser madre hoy supone todo un desafío, ¿qué decir de aquellas que afrontan la maternidad en solitario o forman familias ‘ensambladas’ con hijos propios y de nuevas parejas?

D.G. Cuando criamos a los hijos solas todas las decisiones y responsabilidades recaen en nosotras, lo que suele incrementar el sentimiento de culpa; sin embargo, también tiene sus ventajas: no necesitamos acordar ni negociar con nadie las decisiones que tomamos respecto a los hijos. La convivencia con los hijos propios y ajenos es otro de los escenarios difíciles en los que transcurre actualmente la vida de muchas mujeres. Estas nuevas familias no tienen una historia en común, por lo que es necesario empezar a construirla pasando tiempo y realizando actividades todos juntos.

“Estas familias ensambladas pueden ser una lucha interminable de poderes o pueden ser una experiencia enriquecedora”, afirman en el libro. En él, las autoras también contemplan otras situaciones complejas que nos pueden hacer sentir muy culpables, como la adopción, tener un niño enfermo o decidir dejar a nuestros hijos por la causa que sea.

Flexibilidad. Esta es una palabra que repetís como un mantra a lo largo de libro y que parece la gran clave para escapar del sentimiento de culpa y disolver los conflictos. D.G. Efectivamente, es la premisa más importante, ya que es necesario adaptarse a las necesidades concretas y al desarrollo de los hijos e indagar sobre las posibles maneras de encontrar las soluciones juntos. En el libro planteamos preguntas para ayudarnos a descubrir si somos flexibles y proponemos tomarnos con humor las cosas, por ejemplo, qué tipo de madres somos: controladoras, perfeccionistas, cómplices, que compiten, que se apropian…

Respecto a este concepto, las dos expertas señalan en el libro que “la flexibilidad de pensamiento nos permite detectar si realmente estamos actuando mal o si son nuestros ideales los que están en juego”. Una flexibilidad que también debemos aplicarnos a nosotras mismas, perdonándonos nuestros errores y aceptando la realidad tal cual es, por ejemplo, si tienes que combinar trabajo y maternidad. En lugar de culparte por no estar tanto tiempo con tus hijos, “es importante que valoremos la influencia positiva que tiene sobre los hijos el hecho de que las madres tengamos nuestra propia vida y no estemos constantemente encima de ellos.

En Mamás perfectamente imperfectas decís cosas que me recuerdan al programa Super Nanny, como que solemos destacar más las cosas negativas de nuestros hijos que las positivas.

Foto: Getty Images

D.G. Esta tendencia tiene que ver con lo que nos han inculcado. Existen estudios que demuestran lo importante que es que los cambios se hagan desde el refuerzo de lo positivo y no desde la crítica y el reproche. Hoy se sabe que es la recompensa la que construye la autoestima en los niños y futuros adultos.

Hay una reflexión en el libro acerca de la importancia del refuerzo positivo que me gusta especialmente: “si ponemos el foco en todo lo que tienen de positivo, y se lo hacemos saber, será más fácil que ellos piensen así de sí mismos y que, además, disfruten de tenernos cerca”.

¿Y qué hay de la presión exterior, de cuánto nos influye lo que los demás piensen de nosotras como madres?

D.G.“Como sociedad, todavía nos cuesta aceptar que las madres se pueden sentir insatisfechas, y mucho menos tolerar que manifiesten sus emociones negativas”, dicen la autoras de Mamás perfectamente imperfectas”.

Diana y yo seguimos charlando sobre el libro, sobre nuestra condición de madres y trabajadoras. Le digo que yo le recomendaría a las futuras mamás leerlo durante el embarazo (que tampoco suele ser ese estado de felicidad plena del que os habían hablado) para no lanzarse a la maternidad que unas expectativas demasiado elevadas y ser “flexibles” con ellas mismas desde el principio, cuando el sueño, el cansancio y la falta de tiempo les hagan tener ganas de huir de casa.

Porque, como dicen en Mamás perfectamente imperfectas“para muchas mujeres la realidad no es tan idílica como la suelen pintar los medios con su desfile de famosas extasiadas por la maternidad y los especialistas que siguen empeñados en demostrar que sólo se puede ser buena madre si dedicamos a nuestros hijos una atención incondicional y sacrificamos nuestro ego”. Me quedo con esta última frase. Volveré a casa rápidamente a ver a mi bebé y a transcribir la entrevista. O tal vez le diga a la canguro que mi cita se ha retrasado y aproveche para comer con una amiga. Empieza a gustarme la idea de ser una madre imperfecta…

 

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