Sexo

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29 de diciembre de 2009 • 23:21

Juegos sexuales con la boca

El mundo ha cambiado mucho en los últimos cien años. Si a principios del siglo veinte una mujer le pide a su hombre que le hiciera algo sexual con la boca, la habrían considerado una pervertida. Hoy, la boca forma parte del arsenal erótico de toda pareja.

La boca es un elemento erótico de primer orden. No sólo porque pueda ser estimulada en los besos y encender la pasión de las dos personas, sino, también, porque tiene características que la hacen un estimulador de primer orden. Es cálida. Puede ser seca o húmeda. Es prensil. Puede aportar estímulos de diversa intensidad. Contiene diversos elementos estimuladores: labios, lengua y dientes.

Los estímulos sexuales que pueden hacerse con la boca vienen de sus partes estimuladoras. Con la boca se pueden dar 'lametones', se pueden hacer 'chupeteos', y puede “mordisquearse”. Todas las zonas erógenas del cuerpo, y las que no lo son, son susceptibles de recibir estas tres clases de estímulos en diferentes grados de intensidad y de aproximación. La boca es un perfecto elemento para excitar de un modo tortuoso y acrecentador.No en todas las partes del cuerpo apetece recibir lametones, ni que estos sean igual de húmedos. El interior del pabellón auditivo, por ejemplo,es muy sensible a la acción de la punta de la lengua, pero la mayoría de la gente que soporta ese estímulo (las hay que no pueden con él por su intensidad) prefiere que no esté muy húmeda.

El lóbulo de la oreja, sin embargo, recibe con igual gusto ambas clases de estimulaciones. Los pezones, también aceptan diferentes grados de humedad. Y aquí, no conviene olvidar, como se hace, los pezones masculinos; que son sensibles a este tipo de acción. El cuello, el pecho, el torso, las nalgas, las ingles, los genitales (el glande del pene y del clítoris, los labios menores de la vulva, los testículos), el periné y el ano. Todos ellos pueden estimularse (con lentitud, con rapidez, con presión intensa, casi sin presión) con la lengua de una forma muy eficaz a la hora de procurar sensaciones eróticas.Los chupeteos procuran un tipo de estímulo muy parecido al de la lengua, solo que la habilidad principal está en el juego de ceñir la zona estimulada con mayor o menor intensidad con los labios. Y en darle mayor o menor humedad.

Salvo el interior del pabellón auricular y el ano, así como otras zonas donde los labios sólo pueden besar, el resto de las zonas mencionadas en el párrafo anterior son susceptibles de ser estimuladas, también, con los labios. Y no olvidéis los pezones. Ojo con los chupeteos que se transforman en “chupetones”. No son estéticos.Los dientes también son una parte de la boca que pueden intervenir en el juego erótico. Alguno de los estímulos que pueden provocar, resultará sorprendentes para algunas lectoras. El Kamasutra da una gran importancia a los mordisqueos al dedicarle todo un capítulo. Le da nombres rimbombantes y muchos de ellos sólo son cosas curiosas de otra cultura.

Los dientes hay que utilizarlos con cuidado, pues cualquier descuido en la presión que se les aplica puede transformar un estimulo erótico en otro doloroso.

Las orejas, los labios, el cuello, los pezones, los genitales, son susceptibles de recibir pequeñas dentelladas con la intensidad que prefiera el receptor. No se trata de proporcionar dolor, sino otra clase de estímulo con la amenaza del dolor. Para quienes gustan de ligeros estímulos sadomasoquistas, los dientes pueden proporcionárselos en diferentes partes del cuerpo.Hay un reflejo erótico provocado con los dientes que tiene un origen primitivísimo, pero que aún permanece activo en nuestros tiempos. Lo conservan algunos animales, pero también subsiste en nuestra especie.

En algunos animales, el macho inmoviliza a la hembra para aparearse con ella mordiéndole en la nuca. No actúa así para hacerle daño, sino todo lo contrario: le provoca una intensa oleada de placer que es la que mantiene parada a la hembra y receptiva para la cópula.

En los humanos se mantiene esa reacción. Un mordisco de intensidad media y sin intención de hacer daño junto a la inserción de los músculos de la nuca en el hueso occipital, producen en el receptor una contracción refleja de los mismos que se siente como intensamente placentera. Algo parecido a los que sucede con los músculos perigenitales; su intensa y rítmicas contracciones son vivenciadas como muy placenteras y esas sensaciones son las que percibimos como el orgasmo. Con los músculos de la nuca no se llega al orgasmo pero la intensidad de la sensación erótica producida es muy placentera... y animal.

Probadlo. No lo olvidaréis.

Terra Mujer / Jesús Ramos (Psiquiatría-Sexología)