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30 de mayo de 2010 • 20:33 • actualizado el 15 de enero de 2013 a las 14:10

Masturbación femenina: guía para ser maestra del autoplacer

Foto: Getty Images
 

Se habla tan poco de la masturbación femenina que una práctica que se puede considerar íntima, en las mujeres es totalmente secreta. Se sabe tan poco de ella que muchas mujeres crecen con la sensación de ser las únicas que lo hacen, hasta que la realidad salta ante sus ojos.

Es precisamente, ese aprendizaje del autoplacer en solitario y en silencio, sin referencias, lo que impide a muchas mujeres sentirse seguras de lo que están haciendo. Por eso, con frecuencia, tienen la sensación de que, quizás, podrían hacer las cosas mejorde cómo lo hacen.

Siempre es posible mejorar las cosas. Pero conviene no perder de vista que si masturbándote como lo haces ahora llegas al orgasmo sin problemas, es que no lo estás haciendo mal del todo.

Existen numerosas formas de automanipularse. Pero no hay que obsesionarse con ellas. Puedes probar, si quieres, para introducir cambios o por simple curiosidad y experimentación. Pero si te vale lo que haces, está bien. Más aún, le va bien a la mayoría de las mujeres. El 71% de ellas le es fiel a un modo de masturbarse, pese a la variedad comentada. Y lo son de por vida, desde niñas hasta su ancianidad. Eso demuestra que cuando una prueba algo y le va bien, repite del mismo modo durante años, porque sabe que es eficaz.


De modo que se va a dar por descontado que eres una experta en el arte del amor propio. Pero eso no impide que desee conocer más cosas. Por si acaso. Dada la experiencia que tienes, sabes que la imagen trasmitida por las películas pornográficas de la masturbación femenina es falsa. Nada de meterse cosas en la vagina para simular el coito y a disfrutar. El estímulo debe dirigirse al clítoris. Que también quieres estimular la vagina con los dedos o alguna otra cosa adecuada, está bien. Es añadir sensaciones. Más aún, se sabe que al menos una de cada cuatro mujeres añaden este estímulo mientras se masturban acariciando el clítoris. Pero la vagina por sí sola llega un punto que no da más de sí.

Centrarse en el clítoris

Te centras en el clítoris. Lo estimulas, preferentemente, sobre la capucha que lo envuelve (el prepucio), para evitar irritaciones por el frotamiento. Pero también puedes intentar estimular de forma más directa el glande del clítoris. Pero eso exigirá que con frecuencia lo lubriques con tus propios fluidos vaginales o con saliva. Así evitarás las molestas rozaduras.

Se puede utilizar un dedo o varios. Lo frecuente es que, siendo el dedo corazón el guía, se deje acompañar del índice y del anular. Aunque sabrás que hay chicas que lo hacen sólo con el índice o sólo con el dedo anular.

Aplicarás un movimiento de vaivén que permitirá que el clítoris esté permanentemente estimulado durante el acto. Con frecuencia, el movimiento puede ir de arriba abajo; a veces, de lado a lado; y otras veces describiendo pequeños círculo alrededor del clítoris. No es infrecuente hacer un poco de todo. Hay mujeres que utilizan un solo dedo en el estímulo y lo mueven con una acción rápida, como si fuera un vibrador. Es otra opción. También las hay que no colocan sus dedos sobre el clítoris, sino que sitúan este entre dos dedos, de la misma mano o de las dos. Y para estimularlo hacen unos movimientos como de tijera que se abre y cierra, o estimulan los dos lados del clítoris. Así les va bien.

¿Qué hacer con las piernas?

Tú misma. No se sabe por qué, pero unas mujeres prefieren mantener las piernas abiertas o muy abiertas y otras las mantienen ligeramente cerradas. Lo que mejor te vaya. Aunque si quieres introducir variación, abre las piernas si acostumbras a mantenerlas cerradas, o al revés, si sucede lo contrario. Otra variación: si mueves la mano con rapidez, hazlo también con mayor lentitud, como torturándote; añades un cambio. O lo contrario, si acostumbras a mover los dedos con lentitud, acelera un poco más. De todos modos, al final, cerca del orgasmo, no podrás evitar aumentar la velocidad del estímulo.

Si acostumbras a hacerlo boca arriba, inténtalo boca abajo. Con los dedos bajo tu vientre o frotando tu clítoris contra la almohada. Después, podrás transferir esta experiencia y masturbarte contra alguna parte del cuerpo de tu chico, estando él boca abajo, por ejemplo, y tú sobre él. La posición boca abajo es especialmente útil, también, porque si aprendes a estimular el clítoris moviendo dos dedos como tijeras, apenas haces movimiento; algo que te interesará, quizás, para masturbarte al lado de tu bello durmiente sin que se dé cuenta de lo que haces.

Pero puedes introducir más variaciones: si lo haces vestida, desnúdate; si lo haces desnuda, vístete; si lo haces acostada, hazlo de pie o sentada. Si empleas siempre tus manos y lo haces acostada, puedes hacerlo de pie y frotándote contra algo; el radiador de la calefacción, por ejemplo, mientras miras a la gente pasar bajo tu ventana. La esquina de la lavadora durante el centrifugado. O, siéntate en el suelo, flexiona una pierna con la rodilla hacia delante de modo que el talón haga presión sobre la vulva. Puedes estimular el clítoris sin que nadie lo advierta con un balanceo casi imperceptible. Es una forma de masturbarse relativamente extendida en nuestro medio. Pero entre las mujeres nativas del pueblo Lesu era su forma exclusiva de hacerlo.

Hay otras variaciones sencillas de aplicar en casa. El chorro de la ducha. Después de ajustar la temperatura, apuntas la parte central que va a mayor presión directamente sobre el clítoris. Te sentirás rara al principio; pero ya verás después. Orgasmos fabulosos mientras te duchas.

También puedes añadir vibradores a tu conjunto de técnicas, aunque no son imprescindibles, pero recuerda que el ímite es tu propia imaginación.  

Datos extraídos en parte del libro: “Un encuentro con el placer. La masturbación femenina”. Jesús Ramos. Espasa-Calpe. Madrid. 2002

Jesús Ramos