Hace poco leí en una revista que las españolas y las italianas somos las mujeres más preocupadas por las arrugas y las que más recurrimos a la cirugía. Si hubiera leído esto hace diez años no le habría dado mucha importancia, pero ahora que ya estoy más cerca de los 40 que de los 30, pensar en cómo me tomaré las arrugas me produce cierta inquitud.
Siempre me ha llamado mucho la atención ver cómo envejecían las actrices de cine, sobre todo las que han sido más guapas. Y creo que, a mayor belleza, peor se lleva el paso del tiempo. Excepto en mujeres que como Sophia Loren (aunque también ha acabado recurriendo a la cirugía). Otras espectaculares pero no tan bellas, como Meryl Streep, Susan Sarandon o Sigourney Weaver llevan con mucha más diginidad el paso del tiempo, cuidándose pero aceptando sus arrugas. No sé a vosotras, pero a mí de mayor no me gustaría mucho parecerme a Liz Taylor, Michael Jackson o Sara Montiel.
Luego están esas otras mujeres que han hecho de retoque todo un arte, como Isabel Preysler. Y que, hay que reconocer, están espectaculares. O esas como Mónica Bellucci, Cate Blanchet o Julianne Moore que defien la belleza natural, las arrugas y se niegan a pasar por quirófano para estirarse.
O aquéllas, tipo Victoria Beckam, que ni sonríen en las fotos para que no las delate una sola línea de expersión. Porque, efectivamente, gesticular crea arrugas, pero nada embellece más que una sonrisa.
Todo esto me lleva a pensar que cada persona acepta el paso del tiempo de una forma diferente, y que haber sido muy belleza de joven quizá haga más difícil aceptar las arrugas. Pero estas marcas en la piel también son las huellas de nuestro paso por la vida, para bien y para mal.
Lo que a mí me gustaría respecto a las arrugas, si se puede escoger, es que fueran apareciendo poco a poco para irme acostumbrando sin traumas. Por supuesto, ya tengo algunas, pero aún son más o menos líneas de expresión, nada demasiado visible por ahora. Y es que, por suerte, tengo buena genética, algo fundamantal para lucir una buena piel. La alimentación, los hábitos de vida y el ambiente también son determinantes en el aspecto de nuestra piel. Por mis clases de yoga sé bien la dieferencia entre una cara estresada y otra relajada: las arrugas aparecen antes y se ven mucho más.
El entrecejo, las comisuras de los labios, el contorno de los ojos… suelen ser los primeros lugares donde aparecen. ¿Qué hacer entonces? Aceptarlas o empezar a lcuhar contra ellas con tratamientos estéticos o quirúrgicos. Por el momento yo sólo estoy a favor de los primeros y de la gimnasia facial, una técnica que descubrí hace años y que va muy bien para mantener el tono muscular de la cara, cuya flaccidez es una de los causantes de las arrugas.
A los hombres, en general, las arrugas les dotan de madurez y personalidad. Para nuestro pesar, a las mujeres las arrugas simplemente nos envejecen y delatan el paso del tiempo. Aunque esas marcas pueden dar lugar a un rostro feliz y sereno si son bien aceptadas, o extraño y desfigurado si intentan ser borradas. También las hay, por supuesto, mujeres contentas con su aspecto, que aceptan no sólo las arrugas sino las canas como un símbolo de naturalidad y alegría por los años vividos y las marcas que van dejando. Porque mucho peor que tener arrugas es no poder contar que las tenemos.
Cremas antiarrugas, tratamientos, bótox y cirugía. Estas son las etapas por las que suelen pasar las mujeres en su intento por preservar la juventud. Muchas sufren al enfrentarse cada día al espejo. Una cara con arrugas puede hacer mucha mella en la autoestima, por lo que entiendo la cirugía en pequeñas dosis y ciertos casos. Pero son inevitables a no ser que queramos irnos al cementario con la cara como una muñeca de feria.
Según los expertos, cuando una persona se mira al espejo suele percibirse con unos diez años menos de los que tiene. Es decir, solemos ser bastante indulgentes con nuestro aspecto. Pero ¡ay! cuando vemos una foto antigua o a alguien se muestra sorprendido ante nuestro cambio físico.
Sí, las arrugas son inevitables y crueles, pero también son un testimonio de todo lo vivido, de las alegrías y las penas, de los buenos y malos momentos. A mi entender, la mejor actitud frente a ellas es intentar estar en armonía con nuestra edad y que nuestro aspecto la refleje lo mejor posible pero sin estridencias.
Hacer ejercicio, comer bien, no fumar, protegernos del sol, usar cremas, beber mucha agua, dormir bien, acudir al dermatólogo, hacernos tratamientos de estética no invasivos (como limpiezas, peelings o hidrataciones) y tratar de esquivar el estrés nos ayudarán a retrasar la aparición de las arrugas. Pero van a llegar, y lo mejor es hacer las paces con el paso del tiempo lo antes posible.
¿Cómo os lleváis con las arrugas?


Lula Marvel