La automedicación es un tema que no deja de sorprenderme y que considero un verdadero problema social muy extendido. Y lo veo cada día entre la gente que me rodea: ante un pequeño dolor de cabeza, una sensación de malestar, una irritación de garganta, Ibuprofeno o Gelocatil al canto.
Antes pensaba que eran mucho más las mujeres las que practicaba la automedicación, pero este verano, durante unas vacaciones con amigos, descubrí que los hombres también le "pegan" cada vez más duro a las pastillas. Uno de mis amigos no va a ningún sitio sin Dormidina, Espidifén, Gelocatil, Alka Seltzer, Almax y un montón de cosas más. Pero mi sorpresa fue mayor cuando otro de ellos me dijo que siempre llevaba encima Orfidal y Lexatin por si le daba ansiedad o no podía dormir. Reconozco que antes pensaba el tema de los ansiolítico y antidepresivos era casi exclusivamente femenino…
Por supuesto, me parece bien que uno tome este tipo de fármacos si están prescritos por un médico y para un problema real y concreto. Pero lo que me asombra y me parece una malísima costumbre es la de automedicarse ante cualquier pequeña molestia. Cuando no se trata de una enfermedad real, fiebre o algo importante, el organismo dispone de los recursos suficientes para solventar el problema por sí solo gracias al sistema iunmune.
Porque lo peligroso de practicar la automedicación es que uno acaba haciéndose no sólo adicto sino inmune a los medicamentos, algo que advierten periódicamente las autoridades sanitarias. Por no hablar de la cantidad de sustancias tóxicas añadidas que contienen muchos de esos "inofensivos" medicamentos sin receta, que se acumulan en nuestro organismo y poco a poco lo van intoxicando.
La cuestión económica también es importante. Yo tengo amigas que tienen un enorme presupuesto en farmacia cada mes, algo que a mí ya me da rabia porque por el hecho de ser mujer ya tienes “gastos fijos en este sentido”: tampax, anticonceptivos, cremas, vitaminas y suplementos si estás embarazada como yo…
Sin ir más lejos, hace poco pasé un fin de semana con un par de amigas, que cada día se tomaron algo para algún tipo de dolor indefinido o para prevenir un posible resfriado o dolor de gargante. ¡Un problema que ni siquiera había aparecido! Males que, estoy segura, se hubieran pasado igualmente sin esas medicinas que siempre llevan en sus bolsos por si acaso.
Yo también tengo dolores, malestares, pequeños problemas de salud, sobre todo ahora que estoy embarazada, y cuando me tomo algo es siempre el último recurso y si no hay más remedio. La sensación de meterle química innecesaria a mi cuerpo no me gusta nada. Y realmente en la mayoría de los casos no creo que sea necesaria. Si a mí todas esas molestias se me pasan sin tener que tomar nada, al resto también.
Más preocupante me parece aún el tema de los ansiolíticos y antidepresivos, que mucha gente consigue sin receta médica y se autoadministra cuando le parece bien para paliar el síntoma pero sin tratar el problema real con un experto. Sé que hay casos en que uno los necesita, pero en otros seguramente podría calmarse sin necesidad de recurrir a las pastillas. O afrontar el problema de fondo en lugar de taparlo con automedicación.
Entre los fármacos que más se suele tomar la gente a la ligera está el Ibuprofeno. Y respecto a él he encontrado una noticia muy interesante: “La Sociedad Española de Farmacogenética y Farmacogenómica alerta de la alta dosificación de ibuprofeno que se aplica en el país para dolores leves y moderados, siendo habitual el consumo de 600 miligramos mientras lo más correcto sería una dosis de 400”.
Esta es una de las principales conclusiones del Congreso de la Sefac celebrado en Barcelona, del que también ha trascendido que más de 8,5 millones de españoles reciben dosis diarias de ibuprofeno superiores a las recomendadas.
La presidenta del Comité Científico de la Sefac, Neus Caelles, ha alertado de que las presentaciones de 600 miligramos de ibuprofeno representan el 80 por ciento del total de unidades dispensadas, cuando su dosis debería de ser la mitad. Es decir, que no sólo nos automedicamos, sino que lo hacemos “a lo grande”. ¿Qué innecesario no?
Según Caelles, tomar ibuprofeno de 400 miligramos tres veces al día consigue controlar el dolor y la inflamación en procesos leves y moderados, aunque en España solo se dispensa esta dosis en un 4,8 por ciento de los casos, mientras que en Europa la cifra asciende hasta el 54,6. Esto me hace pensar que también es culpa de los profesionales médicos o farmacéuticos que los prescriben o venden. ¿Desconocimiento o intereses económicos?
Los efectos secundarios de este fármaco se incrementan a medida que aumenta la dosis: "el riesgo de sufrir un evento cardiovascular con dosis de 400 miligramos no está incrementado, algo que no se puede afirmar en el caso de los 800 miligramos", ha afirmado Caelles. Como veis, ¡automedicarse no es inocuo! Además de estos posibles efectos, los medicamentos extra hacen trabajan en exceso al hígado y nos llenan de toxinas.
¿Sois anti o pro medicamentos? ¿Sois conscientes de la cantidad de medicinas que tomáis por vuestra cuenta sin darle importancia?


Lula Marvel