Nutrición

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20 de abril de 2013 • 16:33

Azúcar blanco: 10 buenas razones para dejarlo

Es delicioso al paladar pero nuestro organismo no sólo no lo necesita sino que puede convertirse en un auténtico veneno si abusamos de él. ¿Quieres saber por qué famosas como Liz Hurley o Angelina Jolie han anunciado en Twitter su propósito de dejarlo?

Foto: Getty Images
 

Cada vez tiene más detractores y son muchos los que lo califican de “droga dura”. ¿El motivo? El azúcar blanco no es un alimento, sólo aporta calorías vacías. Y no sólo eso, sino que puede causarnos graves problemas de salud y sobre todo, una adicción difícil de detectar, reconocer y evitar.

¿Eres de las que echan un par de sobres de azúcar en el café? ¿Necesitas comer dulce cada día? ¿Piensas que tú no tomas azúcar porque no endulzas tus bebidas? En este artículo te contamos qué efectos produce el azúcar de mesa en tu organismo, por qué deberías reducir su consumo al mínimo, dónde se oculta y cómo puedes sustituirlo.

Una sustancia química

Como explica Luisa Martín Rueda en “Vivir sin azúcar”, “el azúcar blanquilla, refinado o sacarosa no es un alimento, porque el proceso industrial por el que se obtiene le sustrae las sales minerales y los oligoelementos naturales de la planta de origen”. Por ello, “es más correcto considerarlo como una sustancia química concentrada que endulza el paladar y, a la larga, puede amargarnos la salud”, dice.

A diferencia del blanco, el azúcar moreno se queda a medio camino en la refinación y mantiene parte de sus propiedades nutritivas. Pero, como explica Luisa Martín, debes tener cuidado al comprarlo, ya que “algunas empresas de comestibles añaden colorante marrón o caramelo al azúcar refinado para hacerlo pasar por integral”.

Como destaca esta naturópata y asesora nutricional, el azúcar blanco es un comestible que produce importantes efectos fisiológicos negativos sobre el aparato locomotor (sustrae el calcio a los huesos) y el sistema nervioso (lo estimula en exceso). También afecta al funcionamiento de las defensas y sobreexcita el páncreas, además de tener otros efectos de tipo anímico.

Tipos de azúcares

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Los hidratos de carbono se clasifican en simples o rápidos -los que pasan rápidamente al torrente sanguíneo-, y complejos o de digestión lenta -sacian durante horas y son los más recomendables-. Entre los primeros están la fructosa (el azúcar natural de la fruta), glucosa (la contienen casi todos los alimentos), galactosa (en la leche y algunas verduras),  (monosacáridos), maltosa (en cereales, legumbres y tubérculos), lactosa (en la leche y derivados) y sacarosa (azúcar blanco o integral). Entre los complejos están el almidón (harinas, legumbres, patatas, calabaza…), celulosa (fibra de los vegetales) y glucógeno (el hidrato propio de la carne).

Lo que nuestro organismo necesita es la glucosa, la forma final de la digestión de todos los hidratos que ingerimos y fundamental para el organismo, ya que es el combustible imprescindible para que las células puedan realizar correctamente las funciones metabólicas.

Tomado con moderación y de forma aislada no es un problema, pero el azúcar blanco se esconde en muchos productos que ni siquiera imaginas y que pueden hacer que cada día lo consumas sin saberlo.

Buenas razones para evitarlo

Aquí tienes razones de peso para plantearte, si no evitar totalmente, reducir al mínimo el consumo de azúcar blanco, y no sólo el de los sobrecitos, sino el que se oculta en los alimentos procesados:

1. Un problema de salud mundial. Dado el uso que de él hace la industria alimenticia para potenciar el sabor de los alimentos procesados, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad advierte sobre su preocupante relación con la obesidad y el sobrepeso. Son muchas las instituciones gubernamentales mundiales que están tomando medidas al respecto: en EE.UU, en ciudades como Nueva York, se ha prohibido la venta de refrescos de gran tamaño por su alto contenido en azúcares; en Francia se ha implantado un impuesto especial para las bebidas azucaradas. De hecho, ya hay estudio que sitúan los efectos del consumo excesivo de azúcar a la altura de drogas como el tabaco o el alcohol. 
2. Calorías ocultas. Como te decíamos, el azúcar oculto en muchos alimentos puede ser el causante, sin que lo sepas, de tu sobrepeso y otros problemas de salud. ¿Dónde se esconde? En la bollería industrial, las conservas, zumos envasados, refrescos, pan de molde o de hamburguesas, biscotes, embutidos, salsas envasadas, platos precocinados, productos lácteos, salmón ahumado, productos light… la lista es tan larga que tu única defensa es leer bien las etiquetas antes de echar a tu cesta un producto.
3. Perjudica a tu  belleza. Según los expertos, el consumo excesivo de glucosa deteriora el colágeno y acelera el envejecimiento de los tejidos. Por un proceso llamado glicación, el exceso de glucosa presente en el organismo transforma el colágeno, que se vuelve más rígido, provocando la flaccidez y descolgamiento de la piel.
4. Te resta nutrientes. Como explica Luisa Martín Rueda, para su asimilación, el azúcar blanco debe sustraer al organismo vitaminas del grupo B, calcio y diversas sustancias vitales que ayudan a completar el proceso. También se ha comprobado que las personas que consumen mucho azúcar comen de forma más deficiente y no ingieren todos los nutrientes necesarios a través de otros alimentos.
5. Metabolismo lento. El proceso de desmineralización y pérdida de vitaminas disminuye la capacidad de absorción de nutrientes y enlentece el metabolismo, lo que provoca fatiga, falta de energía, caída del cabello, problemas digestivos y hasta depresión.
6. Debilita tus órganos. Un exceso de dulce debilita el páncreas y el bazo, lo que provoca un estado de baja energía renal y desmineralización que puede ocasionar nerviosismo, problemas de sueño o dolores de cabeza.
7.  Problemas dentales. El alto consumo de azúcar está directamente relacionado con la caries dental, que puede perjudica la calidad de vida desde la infancia.
8. Picos de insulina. Cuando ingerimos azúcar refinado éste entra de un modo muy rápido en el torrente sanguíneo, provocando que el páncreas segregue una gran cantidad de insulina para poder transportarlo a los órganos. Al no poder almacenarlo, esta glucosa se convierte en reservas de grasa. Este proceso no sólo nos hace aumentar de peso sino que nos produce una situación de hipoglucemia ante la que el cuerpo reacciona pidiendo más azúcar. De ahí el efecto adictivo del azúcar.
9. Estrés pancreático. El proceso que te hemos descrito en el punto anterior somete al páncreas a un estado de estrés que hace que se debilite y sea menos eficiente, impidiendo a corto plazo una buena asimilación de los alimentos y, a largo plazo, una situación de diabetes.
10. Mala salud. Además de todo lo que te hemos contado, el exceso de azúcar refinado supone una acumulación de grasas poco saludables en el organismo, lo que afecta a nuestra salud cardiovascular, al sistema nervioso, a nuestros huesos y estado anímico, ya que el consumo excesivo de azúcar nos deja sin energía.

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Cómo sustituirlo

Según Luisa Martín Rueda “lo más conveniente es reducir el consumo de azúcar al mínimo y sustituirlo por miel, sirope de agave, frutos secos dulces y melazas, que no tienen un dulzor engañoso pero satisfacen las necesidades de dulce”. La panela o azúcar de caña puro, muy utilizado en Sudamérica, es otra opción.

Pero si queremos eliminar también estos alimentos dulces, debemos seguir una dieta rica en frutas, verduras y carbohidratos como la pasta, las legumbres o el arroz. También es buena idea tomar carbohidratos integrales, más nutritivos, de digestión más lenta y más interesantes para el control del peso. Con estos alimentos, de los que el organismo obtiene la glucosa por degradación, se mantendría un nivel óptimo de azúcar en sangre de entre 80 y 110.

Si no quieres añadir calorías al endulzar las bebidas u otros alimentos, una opción saludable a los edulcorantes artificiales es la estevia, de origen natural. Por su poder endulzante e inocuidad para la salud, Marcas como Granini ya han lanzado una línea de zumos endulzados con estevia.

 

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